Un hombre puede dedicarse
a escribir garabatos en papeles como éste.
y los arlequines por su parte
ser presidentes
o
ministros de cartera.
Pero ya está hecho;
tranquilos todos
nada
termina el día de mañana.
Los niños y sus soldaditos de plomo,
los escalofríos de la guerra
de los bosques que esconden a los fusilados
de los trenes recorriendo el invierno
con los sucios cerdos, muriendo apilados.
Tranquilos todos,
no hay de qué preocuparse.
Un macaco escribe las políticas de estado,
mientras en el vaticano,
las
ratas comulgan
con sotanas y velos largos.
Las niñas y sus labios pintados,
mujercitas trabajando en la India,
rupias y ropas, trozos de piel desnuda.
pero seguid ahí,
tranquilos
todos.
Los leviatanes son invisibles
escondidos bajo nosotros,
consumiéndonos en la velocidad del precipicio.
Puedo asegurar que aún sigues ahí,
muriendo, como lo hacemos todos.