Como monos con claustrofobia
nos esparcimos entre la selva húmeda
desgarrando la hiedra con los puños
arrancándonos la piel con piedras
Sin perder la conciencia
nos tomamos por idiotas
Observen;
-Parece un templo de Dios
incendiándose, consumiéndose
con él dentro.
Luces se desfragmentan.
Allí
El óleo del barroco
desciende en línea recta
hasta los pies del cristo;
loco se atraviesa clavos,
se arrima a la cruz
y como un espantapájaros
ahuyenta a los cuervos,
los únicos, tal vez, que nos podrían arrancar los ojos
sucios, sucios por dentro.
Aquí afuera la selva también es un fuego.
Todos nuestros eslabones nos miran
esperando de nuestro silencio
las palabras, que pudimos haber entendido
esos 40 días en el desierto,
pero nada más somos un fantasma,
contornos trabados en esta
piel hace siglos.