jueves, 27 de febrero de 2014

Contornos.

Como monos con claustrofobia
nos esparcimos entre la selva húmeda
desgarrando la hiedra con los puños
arrancándonos la piel con piedras

Sin perder la conciencia 
nos tomamos por idiotas

Observen;
-Parece un templo de Dios
incendiándose, consumiéndose
con él dentro.
Luces se desfragmentan.

Allí
El óleo del barroco
desciende en línea recta
hasta los pies del cristo;
loco se atraviesa clavos,
se arrima a la cruz
y como un espantapájaros
ahuyenta a los cuervos,
los únicos, tal vez, que nos podrían arrancar los ojos
sucios, sucios por dentro.
  
Aquí afuera la selva también es un fuego.
Todos nuestros eslabones nos miran
esperando de nuestro silencio
las palabras, que pudimos haber entendido
esos 40 días en el desierto,
pero nada más somos un fantasma,
contornos trabados en esta piel hace siglos.

viernes, 21 de febrero de 2014

Entropía

Migas que escupen el suelo
y vuelven al bodegón oscuro
para mezclarse en pan de harina y opio.

   Mientras

La nariz expulsa el polvo
que forma una línea precisa
trazando un puente nocturno
entre la tierra y la luna

la bomba atómica aterriza en el cielo
y se traga el proyecto Manhattan.
Los átomos devuelven a Hiroshima
el desvelo que dejaron las maquinas

Se unen algunos pliegues de Kennedy
y el proyectil se impulsa
   a través de una pólvora
      de neuronas
Alguien yace muerto entre los espectadores,
el cuerpo, como de costumbre,
Llevaba una pistola.

Traduzco:
Esa piel de líneas
entierra bajo plástico la historia.
La historia padece en ese espacio.

Las pequeñas horas son solo tinta
De arcoíris mezclados.


viernes, 14 de febrero de 2014

Aunque a estas horas de la noche, ya soy solo una bestia.

Sentir los estragos de tu cuerpo, el estrecho espacio, que nos deja solos, aislado mi corazón del tuyo, a la deriva del mundo donde tú ya no te encuentras. Sencillamente dibujar, aquí en lo lejano, sobre el aire oscuro, la piel que me hace ver más cerca, aquel querer que no es pecado, más bien, sensata vos de un bien poco humano.
Aunque a estas horas de la noche, ya soy solo una bestia, te escribo, para sentir tu rostro, tus ojos cayendo despacio en el silencio, tus manos atravesando los cuerpos en llamas.
Y si no lo sabias, era yo el que regaba tus flores antes que despertaras bajo el rocío. Era yo el que esparcía las estrellas en el lago, para que intermitentes, pestañaran sin miedo antes que el alba cayera su día.

 Me pregunto ahora donde estas, respóndeme, sin venir aquí a mi lado, serena el ruido de mi llanto, sin venir aquí a mi lado. No, no interrumpas a mi cuerpo casi dormido, maltratado por el encierro, ahogado por los barrotes de este mi hogar de asedio.

Aunque a estas horas de la noche ya soy solo una bestia, te escribo, antes que me lleven a la muerte, los fantasmas de mis miedos.


viernes, 7 de febrero de 2014

Comparsa hacia la nueva India.

Del monte salvaje
emerge la sangre noble,
trepita sobre los valles incandescentes.

Del valle de los muertos,
el martillo ajeno golpea la roca,
un grito desencaja las voces.

Como vertiente de las espesas nubes,
el caballo, bajo el león se agota,
más, las garras de una corona,
no hacen mella sobre el relinchar,
que es estruendo de cumbres.

Del mar sube por las costas,
también baja dejando tras blanca pisada,
una sangre que en la nobleza engaña,
bajo una manta de castilla, la cruz junto a la daga.

El mestizo nace justo, en la raíz aquélla
que quedo sin joyas ni vestimentas,
con el corazón ultrajado por tanta violencia,
con un retoño en los brazos,
que aun grita para escapar de las cadenas.