viernes, 7 de febrero de 2014

Comparsa hacia la nueva India.

Del monte salvaje
emerge la sangre noble,
trepita sobre los valles incandescentes.

Del valle de los muertos,
el martillo ajeno golpea la roca,
un grito desencaja las voces.

Como vertiente de las espesas nubes,
el caballo, bajo el león se agota,
más, las garras de una corona,
no hacen mella sobre el relinchar,
que es estruendo de cumbres.

Del mar sube por las costas,
también baja dejando tras blanca pisada,
una sangre que en la nobleza engaña,
bajo una manta de castilla, la cruz junto a la daga.

El mestizo nace justo, en la raíz aquélla
que quedo sin joyas ni vestimentas,
con el corazón ultrajado por tanta violencia,
con un retoño en los brazos,
que aun grita para escapar de las cadenas.

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