Sentir los estragos de tu cuerpo, el estrecho espacio,
que nos deja solos, aislado mi corazón del tuyo, a la deriva del mundo donde tú
ya no te encuentras. Sencillamente dibujar, aquí en lo lejano, sobre el
aire oscuro, la piel que me hace ver más cerca, aquel querer que no es pecado,
más bien, sensata vos de un bien poco humano.
Aunque a estas horas de la noche, ya soy solo una
bestia, te escribo, para sentir tu rostro, tus ojos cayendo despacio
en el silencio, tus manos atravesando los cuerpos en llamas.
Y si no lo sabias, era yo el que regaba tus flores antes
que despertaras bajo el rocío. Era yo el que esparcía las estrellas en el lago,
para que intermitentes, pestañaran sin miedo antes que el alba cayera su día.
Me pregunto ahora donde estas, respóndeme, sin
venir aquí a mi lado, serena el ruido de mi llanto, sin venir aquí a mi lado.
No, no interrumpas a mi cuerpo casi dormido, maltratado por el encierro,
ahogado por los barrotes de este mi hogar de asedio.
Aunque a estas horas de la noche ya soy solo una bestia,
te escribo, antes que me lleven a la muerte, los fantasmas de mis miedos.
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